Derrocamiento de Mohamed Siad Barre y guerra civil

 El derrocamiento de Mohamed Siad Barre en enero de 1991 por una coalición de clanes rebeldes desató la Guerra Civil Somalí, creando un vacío de poder que fragmentó al país en facciones que luchaban entre sí, llevando a un colapso estatal, crisis humanitaria y la aparición de señores de la guerra, marcando el inicio de décadas de conflicto y desgobierno, con Somalilandia declarando independencia en el mismo año.


Somalia, con una población de 12.316.895 habitantes, atraviesa un conflicto armado que se originó en 1991 tras la caída del régimen de Mohamed Siad Barre, quien gobernó el país durante casi tres décadas. Las profundas diferencias y el resentimiento entre clanes provocaron que muchos militares expulsados o que lograron escapar de las purgas del dictador se transformaran en señores de la guerra, disputándose el poder en un Estado sin autoridad central. 

En 1991, cinco grupos armados se unieron para combatir al gobierno y a sus milicias, pero entre 1992 y 1995 comenzaron a enfrentarse entre sí por el control del gobierno central. Durante este periodo, la guerra y una grave sequía desencadenaron una hambruna que llevó a la intervención de la Organización de las Naciones Unidas mediante una misión de pacificación y ayuda humanitaria. No obstante, la misión se retiró en 1995 tras fracasar en su intento de contener la violencia y luego de la muerte de soldados estadounidenses en operaciones contra señores de la guerra como Mohamed Farrah Aidid. Tras algunos años de relativa disminución de la violencia, en 2006 surgió la Unión de Cortes Islámicas, que posteriormente dio lugar a nuevos grupos extremistas en la región, como Al Shabaab, Al Qaeda y el Estado Islámico. Ante esta amenaza, Etiopía y más tarde la Unión Africana intervinieron para combatir a estos grupos y respaldar al gobierno federal somalí, que comenzaba a reorganizarse.

En la actualidad, el gobierno de Somalia, con el apoyo de tropas de la Unión Africana y asesores estadounidenses, continúa luchando contra los grupos extremistas religiosos. Las consecuencias del conflicto han sido devastadoras: más de 500.000 personas han perdido la vida, alrededor de 1.000.000 se han convertido en refugiados y otro millón se encuentra desplazado internamente.





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